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Planes de pensiones: una verdad incómoda

Perder el dinero es a menudo un delito,
adquirirlo por malas artes es aún peor,
y malgastarlo es lo peor de todo.
J. Ruskin

La nula remuneración del ahorro, tradicionalmente centrada en imposiciones a plazo que desde hace unos años arroja rendimientos negativos, dificulta la decisión de dónde invertir el dinero ahorrado.

La solución, lejos de guardarlo bajo el colchón, es cuidarlo y diversificarlo. Una parte importante de ese ahorro es el que deberá de ser destinado a la jubilación, siendo muy habitual la contratación de un plan de pensiones.

Este año se han vuelto a cambiar los límites deducibles en el IRPF por aportaciones a planes de pensiones. A partir de 2022, se limita a la menor cuantía entre 1.500,00 euros anuales, o el 30% de los rendimientos netos, que pueden ser ampliados en otros 8.500 euros siempre que las aportaciones del trabajador sean iguales o inferiores a las realizadas por la empresa.

Según la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones, la rentabilidad media ponderada del conjunto de los planes de pensiones comercializados en España en 2020 fue del 0,25% (siendo la clase más rentable del 6,97% y la menos rentable del -6,80%). La rentabilidad acumulada hasta el 30-09-2021, la última publicada, es del 4,44%, y según Inverco la rentabilidad hasta junio de este año es del -6,0% y del 3,1% la de los últimos 26 años.

La normativa actual sobre planes de pensiones permite una reducción, pero no una deducción: en la declaración de la renta: cuando se rescate, se tendrán que devolver las cantidades deducidas en los periodos anteriores.

Realizar aportaciones a planes de pensiones no es nada ventajoso, considerando el resto de circunstancias:

  • Es un dinero que en la mayoría de los casos no se va a poder recuperar hasta la jubilación.
  • El rendimiento financiero es escaso o negativo, y sin tener en cuenta que la inflación provoca que el rendimiento real sea negativo en todos los casos.
  • En el momento de rescatar el plan de pensiones habrá que devolver la parte reducida en los ejercicios anteriores, aunque en determinadas situaciones se podrá minorar esa tributación.

Siendo la rentabilidad financiera escasa y la fiscal inexistente, debemos exigir un mayor rendimiento a nuestro ahorro, sobre todo, al que debe de constituir nuestra pensión complementaria, y para ello existen otras vías no solamente financieras.

La inexistencia de inversiones fiscalmente atractivas que fomenten el ahorro a largo plazo, nos obliga a tener que asumir cierto nivel de riesgo para obtener una rentabilidad, pero no son aceptables rentabilidades negativas en productos a muy largo plazo, y de difícil reembolso como son muchos planes de pensiones.

Todavía quedan unos meses para el cierre del ejercicio fiscal, estamos a tiempo de realizar los movimientos que nos permitan sacar alguna ventaja al hacer la declaración del año que viene, y también estamos a tiempo de pensar en generar un ahorro que complemente la pensión de jubilación. Si suscribir el plan de pensiones puede acabar como el cuento de la lechera, mejor ser hormigas que cigarras, y exigir una rentabilidad mínima real al ahorro, aunque lamentablemente Hacienda siga viéndonos como la gallina de los huevos de oro. Desde ALALZA ASESORES le ayudamos a planificar la Declaración de la Renta.

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