
El impuesto sobre la renta funciona de forma progresiva: a medida que aumentan tus ingresos, también lo hace el porcentaje que pagas. Sin embargo, la cantidad final no depende únicamente de lo que ganas, sino también de tu situación personal y familiar. El cálculo parte de los ingresos obtenidos, a los que se aplican distintas reducciones que determinan la base sobre la que se calcula el IRPF.
En este proceso juega un papel fundamental el Modelo 145, el documento que entregas a tu empresa para informar sobre tu situación personal —estado civil, hijos o personas dependientes a tu cargo—. Con estos datos, la empresa ajusta el tipo de retención que se aplica en tu nómina. Mantenerlo actualizado es clave para evitar desajustes: una información incorrecta puede hacer que pagues de más durante el año (y luego recibas una devolución) o de menos, lo que implicaría tener que abonar la diferencia en la declaración.
Desde el punto de vista fiscal, Hacienda distingue tres situaciones familiares que afectan directamente a las reducciones aplicables. Las personas sin cónyuge que conviven exclusivamente con hijos pueden optar por la declaración conjunta y aplicar una reducción de 2.150 euros. En el caso de matrimonios en los que uno de los cónyuges tiene ingresos muy reducidos, también es posible presentar una declaración conjunta, con una reducción de 3.400 euros. En el resto de las situaciones no existen reducciones específicas por este concepto.
A estas reducciones se suman los mínimos por descendientes y ascendientes. Tener hijos menores de 25 años —o mayores con discapacidad— que convivan contigo y cuenten con ingresos limitados permite aplicar reducciones que aumentan progresivamente en función del número de hijos. De igual forma, convivir con ascendientes mayores de 65 años o con discapacidad también reduce la base imponible, especialmente cuando superan los 75 años.
Existen, además, otras circunstancias que pueden tener un impacto directo en el resultado final de tu declaración. Las pensiones compensatorias a favor del cónyuge permiten reducir los ingresos declarados, mientras que las anualidades por alimentos a hijos establecidas judicialmente se benefician de un tratamiento específico diseñado para evitar una carga fiscal excesiva. A ello se suman otros factores, como determinados grados de discapacidad o ciertas inversiones en vivienda realizadas en ejercicios anteriores, que también contribuyen a reducir la base imponible y, en consecuencia, la tributación final. En definitiva, comprender cómo influyen estos elementos y revisar periódicamente tu situación personal es esencial para ajustar correctamente tu IRPF y evitar sorpresas al presentar la declaración.





