
La inflación es un impuesto sin legislación
Milton Friedman
Las estimaciones del Índice de Precios al Consumo para 2022 son muy dispares, habiendo notable diferencia entre el 7,2% del Banco de España y el 8,9% de FUNCAS, lo cierto es que todos los escenarios evaluados contemplan una inflación elevada.
Esto supone un deterioro de la economía doméstica y empresarial.
El ciudadano que quiera gastar exactamente lo mismo que hace años necesitará más dinero porque los precios se han incrementado. (sube la cesta de la compra, el combustible, la energía, la hipoteca, etc…).
Las empresas también se ven afectadas: además del encarecimiento de materias primas, suministros, servicios e intereses, también suben los salarios que suelen utilizar la inflación como referencia.
Podríamos pensar que, si subimos los salarios y los ingresos de las empresas en la misma proporción que la inflación, nadie gana ni pierde, pero nada más lejos de la realidad.
Esto genera una espiral inflacionista en la que perdemos casi todos, muchos son los ejemplos de economías arruinadas por la inflación: Venezuela, Argentina, o Alemania y Hungría en el siglo pasado.
¿Y quién se beneficia? Realmente pocos, alguna empresa energética y el sistema bancario al ver amplificados sus márgenes, pero el mayor beneficiado es el Estado.
El incremento de los precios influye directamente en la recaudación, se recauda mucho más por IVA e IRPF y también por Impuestos Especiales, (aunque ha descendido el impuesto especial sobre la electricidad, se ha disparado el de hidrocarburos). En 2021 el Estado recaudó 223.382 millones de euros y la previsión para 2022 es un incremento del 20%.
De los dos euros que pagamos por cada litro de combustible el 47% son impuestos, entre el 33% (en el mejor de los casos) y el 60% de la factura energética también lo son, pero lo que nos queda por llegar es que los ciudadanos y las empresas que han visto incrementados sus ingresos para hacer frente a la subida de los costes, tributarán aún más porque la escala de gravamen no se actualiza, lo que en la práctica supone una subida de impuestos encubierta.
Como los ingresos se han incrementado vamos a tributar más, porque la declaración solo tiene en cuenta los ingresos totales recibidos generando un desequilibrio: como los gastos aumentan más que los ingresos, además de empobrecernos, tributamos mas que antes.
Adecuar el IRPF a la inflación, lo que se llama deflactar el IRPF, supone ajustar el impuesto a los salarios reales, y evitar el efecto que la subida encadenada de precios la paguemos casi todos y solo la cobre hacienda. Es como si hoy viviéramos con el sueldo del año pasado pagando los precios del próximo año.





